Mi trabajo, la parte no aburrida de mi trabajo, consiste en platicar con las personas, hacerlas sentir seguras, darles la sensación de que saben lo que están haciendo pero al mismo tiempo hacerles ver que sin ti no podrían hacer nada. Si algo he aprendido en ese lugar es a dar el avión de tal forma que la gente piense que te está dando una lección de vida, pero hay veces que simplemente no puedes quedarte callado y tienes que dar contraargumentos, sobre todo cuando la desinformación mediática y la falta de empirismo son los que originan el pretendido conocimiento.

Conocí a una mujer recién llegada de Jalapa, fui la cuarta persona oriunda de este desierto con la que habló después de que el avión que la trajo a ella y a su esposo aterrizó, cosa que había sucedido dos días antes de que nuestros trabajos llevaran a encontrarnos. Hablábamos de asuntos relacionados a la orden del día cuando se escuchó el azote de una puerta, lo que provocó que la piel morena de la veracruzana, tipo café con leche, alcanzara tonos blanquecinos, como si se hubieran pasado de leche. Después de un respiro de alivio, me dice: ay no, no sé cómo pueden vivir aquí tan tranquilos ustedes si en cualquier momento alguien puede venir a darles un balazo.

La exageración es más que evidente, y se la hice ver, ella me respondió con estadísticas, noticias, rankings más una incontable cantidad de números que, de no llevar veinticuatro años viviendo aquí, pensaría que esta ciudad se rige bajo un extremismo de perversión que sonrojarían a Sodoma y a Gomorra, y se vive en un salvajismo que haría ver con ternura a las leyes del darwinismo social.

Mexicali no es así, contesté, cómo no, me dice, nada más de escuchar la manera en que se gritan entre ustedes se manifiesta la violencia en la que viven. Al escuchar eso, pensé que quizá esta mujer tan amable había pasado su vida entera en Disneylandia, pero incluso ahí hay Ricos Mcpatos y enanos malhumorados que no dudarían en levantarnos la voz, así que descarté la idea, me sorprendía el miedo terrible con el que esta mujer vivía.

Le platiqué de la ciudad, de cómo yo la veo y cómo la ve la gente con la que convivo, del calor, de las fiestas del sol, del frío, de Navidad, de que ser frontera no es ser Tijuana, esa ciudad es esa ciudad y sólo a los de allá les toca hablar por ella, los de aquí hablaremos de Mexicali, de sus cosas buenas y de sus cosas malas, que se diera la oportunidad de vivir sin miedo, que no hiciera tanto caso a las noticias, que puedes creer que el café es amargo porque te lo dijeron, pero no puedes saberlo hasta probarlo. Así que debía de animarse a salir del encierro de su casa, en la que vive enclaustrada como si de una agorafóbica se tratara, hay que darle un sorbo al té de cachanilla, que aproveche ahorita que no está caliente y puede tomarse sin tantear la temperatura.

No terminó muy convencida, pero sé que por lo menos la alerta había bajado de rojo a naranja, con el tiempo cederá y perderá el miedo, de eso no tengo duda, con el tiempo todos lo hacen, cuando menos lo piense ya le va andar gritando cariñosamente a algún forastero que la mirará aterrorizado, esperando el balazo entre las cejas.

Fotografía tomada de mexicalitravel.com

2 comentarios:

Carla Cristina dijo...

Jajaja si Mexicali es de lo mas tranquilo por lo menos para mi, si hay noticias trajicas, feas y demas pero siento como que no es aqui... pero ojala esa mujer pueda disfrutar de la amabilidad cachinilla sin temores por q la vida es bella y mas en Mexicali (por lo menos para mi)

julio reyes dijo...

jaja, exacto mi querida carla, es lo mismo que le dije a ella, pero pues el noticiero de las 10, los periodicos y los sensacionalismos pueden mas que tu opinion y la mia...

estoy seguro que ella descrubrira con el tiempo, que aqui somos buena onda, aunque le parezcamos gritones